27 de octubre de 2009

Nos quitaron la luz, pero la fuerza jamás




LA OTRA CARA DE LA MONEDA


Crónica de los trabajadores

A mi madre, a mi bisabuelo, a mis tíos, a mi familia…¡Este puño sí se ve!

Por Yadira Hernández

Cuando era niña había un pánico, un coco masivo en casa cuando llegaba marzo, para colmo caía en mi cumpleaños, la revisión del Contrato Colectivo de Trabajo, el miedo de que hubiera huelga paralizaba nuestros corazones, sólo hasta que decían en las noticias el aumento, estábamos tranquilos. Ahora, de la noche a la mañana nada, sucedió lo temido y Cía. de Luz terminó.
Luz y Fuerza… ¿qué es para mí?, el lugar de donde salieron todos los sueños de mi madre, todos, desde el amor, ahí conoció a mi padre, el lugar donde mi madre creció profesionalmente. Desde la primera vez que escuché cómo llegó a la Compañía se me hizo una historia épica, una persona que no contaba con ningún recurso, tuvo la osadía de atreverse a soñar, a querer, a luchar. Caminaba todo un trecho de terracería para conseguir la solicitud que le permitiera obtener su número de trabajador. Sin dinero en los bolsillos y con un sinfin de esperanzas, se iba con la bendición de mi bisabuela que la empujaba a creer que se podía, ya pensaban en las cosas que se comprarían de trabajar ahí. Lo logró, entró, justo cuando mi bisa estaba moribunda, su rostro en la foto, es triste, un día que pudo ser el más feliz, se convirtió en una pérdida. Después luchó para que le dieran una oportunidad y de nuevo lo logró, nunca acepta un no.
Luz y Fuerza fue una camiseta, un logo pegado en el corazón de mi madre, era el lugar donde ella se sentía feliz, trabajaba, ponía todo su empeño y su tiempo, me consta el sinnúmero de veces que nos quedamos con ella haciendo horas extras, para que todo quedara bien. Siempre preocupada, por sus “niños” como ella llamaba a los trabajadores nuevos o provisionales, a quienes les daba oportunidades de demostrar que podían realizar el trabajo. Ahora en la marcha muchos de ellos la llamaron “jefa”, cosa que me hizo sentir orgullosa, completamente orgullosa de mi madre.
Ella solita ha construido mi fe en la vida porque es la prueba fidedigna de que los sueños se realizan, se juró desde niña que algún día recorrería el camino de terracería en carro y lo logró.
Se juró que tendría una casa, después de vivir en vecindades y en el rancho, logró tener su casa.
Se juró que viajaría y ha ido a lugares geniales, conoció el mar, algo que en algún momento creyó imposible. Gracias a Cía.de Luz y a su trabajo. ¿Qué puedo decir de mi madre que no haya dicho?
Es quizá la razón por la que existo, porque pude conocerla, vivirla, abrazarla. Ahora se me desmorona, como toda mi familia, por la pérdida, por el luto de perder su empresa.
Qué dicen en la calle, ahora con el exterminio de Luz y Fuerza, que son unos huevones, que son alcohólicos, que tenían diez mil privilegios, me pregunto, ¿tantos cómo un diputado, cómo un secretario de estado…?
Dicen que no deberían quejarse, que ya era hora… Millones de familias se quedaron sin trabajo, millones, además sin fe en el gobierno, que nunca la tuvimos.
Y sé que millones piensan que les van a dar una millonada, no es verdad, otra mentira, a algunos de ellos no les reconocen todo su tiempo en Cía de Luz, aunado a millones de personas que liquidarán y que por su edad no podrán conseguir trabajo, ahora, ¿a dónde? Dónde van a buscar empleo si no lo hay.
Mi familia está devastada, mi bisabuelo quizá se revuelca en su tumba, igual que mi padre. Esa gente llena de privilegios, como los llaman, no son de mi familia, mi familia consideraba un privilegio poder tener un trabajo, un empleo digno donde sacaran lo que toda familia debe tener, buena educación, buena alimentación, un buen hogar. ¿O sólo los narcortraficantes y diputados, tienen derecho?
Yo no hablo por los líderes sindicales, ellos me valen una pura y dos con sal, hablo de la gente que trabaja, que no se la pasa en una oficina pintándose las uñas; hablo de aquellos que se esforzaban por sacar adelante el trabajo, por llegar puntuales, por dar más allá que la presencia en un trabajo.
Hablo de mi familia, de todos, de sus jornadas extenuantes, de sus turnos interminables, de su camaradería, de sus sueños puestos en un puño.
La injusticia no es una sorpresa en este país ni que te quiebren los sueños de un día para otro. Ningún trabajador merece ser tratado como delincuente, ni sacado de sus labores por la fuerza. Mi familia que para mí es el pueblo todo junto, no se merece esta puñalada por la espalda.
Pero a pesar de todo, estamos juntos, mi familia que viene de abajo, se mantendrá arriba porque si el Gobierno nos quiere desdichados, a nosotros no se nos da la gana. Y sus mentiras, todos las creerán, no lo dudo. Y el Gobierno se saldrá con la suya, como siempre, no lo dudo.
Es cierto, mi madre dice que ahora llora a su empresa como si hubiera muerto alguien muy querido. Quizá murió la luz, pero persiste la fuerza, mis manos y las manos de toda mi familia para salir adelante, ¿Cómo?, trabajando como siempre. Felipe Calderón, el presidente del empleo… JA.

LUZ Y FUERZA POR SIEMPRE

1 comentario:

Anónimo dijo...

Querida amiga;

Te escribo desde Colombia, no se como tomes esto pero aquí la maldita corrupción, los malos y sucios manejos dejaran a miles de familias sin empleo, que porque supuestamente la industria de las flores esta mal, pero la realidad es otra los nuevos dueños son unos cafres FAMILIA NANNETTI, de lo peor que hay, la platica de la U la perdieron malos administradores, ladrones, manipuladores.